miércoles, 11 de junio de 2014

EL ARTE ROMÁNICO Y GÓTICO

DIFERENCIAR CONSTRUCCIONES ROMÁNICAS Y GÓTICAS




Arte GÓTICO:
- Esbelta, con varios pisos y muros finos.
- Arcos apuntados.
- El techo se cubre con bóvedas de crucería. La bóveda de crucería se forma cuando se cruzan perpendicularmente dos arcos apuntados. El sligera y se apoya sobre los pilares o columnas.
- Muchas ventanas y de gran tamaño. Se cubren con vidrieras de colores. El interior es luminoso y colorista.


Arte ROMÁNICO:
- Sólida y monumental. Gruesos muros de piedra.
- Arcos de media circunferencia.
- El techo se cubre con bóvedas de cañon. La bóveda de cañon es la prolongación de los arcos de medio punto. Son muy pesadas y se apoyan en los muryos. Por eso se refuerzan con arcos fajones que las dividen en tramos.
- Pocas ventanas y pequeñas. El interior es oscuro.


CUESTIONES:
1. Señala dos características que consideres fundamentales del estilo románico y otras dos del esitilo gótico.

Dos características del estilo gótico:

  •  Arcos apuntados.
  • Muchas ventanas y de gran tamaño. Se cubren con vidrieras de colores. El interior es luminoso y colorista.

    Dos características del estilo románico: 

  • Tiene arcos de media circunferencia.
  • Tiene pocas ventanas y pequeñas. El interior es oscuro.

2. ¿Por qué las iglesias góticas son más luminosas que las románicas?

Porque las iglesias góticas tienen muchas más ventanas, así, a través de las ventanas puede entrar mucha más luz aunque haya también luz dentro. Y las iglesias románicas apenas tienen ventanas, entonces hay muy poca luz aunque haya lámparas dentro. Por eso las iglesias góticas son más luminosas que las románicas.

Iglesias Goticas 

3. Observa las imágenes de la derecha. ¿Qué construcción corresponde al arte románico y cuál al arte gótico? ¿Por qué?

 A.  

B.

ENTRE TODOS PODEMOS HACER UN MUNDO MEJOR

En el mes de Junio  hasta Agosto no traemos a una niña sajaraui llamada Yasira.  En este año nos ha tocado a Yasira pero en otro años nos traemos a otra niña o niño.

En su pueblo las casas no tiene luz, ni agua, allí no hay mucha comida. Carecen de estos servicios públicos tan básicos.

Cuando viene a nuestro pueblo a pasar el verano porque allí hace demasiada calor se queda asombrada y alucinada de lo que ve.

Siempre la llevamos a los sitios públicos como por ejemplo:La piscina municipal, el museo Rafael Zabaleta, los jardines....

A Yasira le encantado donde la llevamos pero lo que no le gusta es que algunos niños y niñas no sepan apreciar lo que tienen y tiran las cuches al suelo, las cascaras de las pipas, la bolsas, las tarrinas del helado...

Ella dice que teníamos que tener más cuidado en cuidar lo público
porque es de todos y si no lo cuidamos se estropea. 














CRISTINA 5º

martes, 10 de junio de 2014

EDAD MEDIA

- Imagina que vives en la Edad Media. Escribe un breve párrafo explicando cómo es tu vida imaginaria:

En mi vida imaginaria, tengo 14 años y me llamo Laila.

Vivo en al-Ándalus porque estamos en el siglo XI.

Yo vivo con mi familia en una ciudad bastante grande más de lo habitual mi madre trabaja en arquitecta y mi padre en un una casa enorme con muchas casas encimas de otras (hotel) y mi madre la a diseñado a su gusto.

¡¡¡ ASÍ ES COMO IMAGINO MI EDAD MEDIA!!!


   

                              Realizado por: Cristina

martes, 3 de junio de 2014

CLEOPATRA (ESPERANZA Y CRISTINA)

Última reina de Egipto, perteneciente a la dinastía de los Lágidas o Ptolomeos. Hija de Ptolomeo XII, fue casada con su propio hermano Ptolomeo XIII, con quien heredó el trono en el año 51 a. C. Pronto estallaron los conflictos entre los dos hermanos y esposos, que llevaron al destronamiento de Cleopatra.

Sin embargo, su suerte cambió al llegar hasta Egipto las luchas civiles de Roma: persiguiendo a su enemigo Pompeyo, Julio César fue a Egipto y tomó partido por Cleopatra en el conflicto con su hermano. Durante la llamada «Guerra Alejandrina» (48-47 a. C.) murieron tanto Pompeyo como Ptolomeo XIII y tuvo lugar el incendio de la legendaria Biblioteca de Alejandría, que se perdió para siempre.



Cleopatra fue repuesta en el trono por Julio César, que se había convertido en su amante (46 a. C.); y contrajo matrimonio de nuevo con su otro hermano, Ptolomeo XIV, a quien manejó a su antojo. Cleopatra trató de utilizar su influencia sobre César para restablecer la hegemonía de Egipto en el Mediterráneo oriental como aliada de Roma; el nacimiento de un hijo de ambos (Ptolomeo XV o Cesarión) parecía reforzar esa posibilidad.

Tras el asesinato de Julio César en el 44 a. C., Cleopatra intentó repetir la maniobra seduciendo a su inmediato sucesor, el cónsul Marco Antonio, que por aquel entonces luchaba con Octavio Augusto por el poder (36 a. C.). Cleopatra y Antonio impusieron su fuerza en Oriente creando un nuevo reino helenístico capaz de conquistar Armenia en el 34. 

Entonces estalló la «Guerra Ptolemaica» (32-30 a. C.), por la que Augusto llevó hasta Egipto su lucha contra Antonio. El enfrentamiento definitivo tuvo lugar en la batalla naval de Actium (31), en la que la flota de Antonio fue derrotada fácilmente al abandonarle los egipcios. Marco Antonio consiguió huir y refugiarse con Cleopatra en Alejandría; cuando las tropas de Octavio Augusto tomaron la ciudad, Antonio se suicidó.


Cleopatra intentaría aún, por tercera vez, seducir al guerrero romano -en esta ocasión, Octavio Augusto- para salvar la vida y el trono; pero Augusto se mostró insensible a sus encantos y decidió llevarla a Roma como botín de guerra. Ante tal perspectiva, Cleopatra se suicidó por el procedimiento ritual egipcio de hacerse morder por un áspid. Augusto aprovechó la circunstancia para asesinar también a su hijo Cesarión, extinguiendo así la dinastía ptolemaica y anexionando Egipto al Imperio Romano.






Realizado por: Cristina Ceballos Marín y Esperanza Vargas Pérez 

lunes, 2 de junio de 2014

Un país con demasiados reyes

Título: Un país con demasiados reyes
Autor: Miguel Ángel Mendo
Resumen: En un pequeño país, ocurría una cosa bastante peculiar: todos sus habitantes eran reyes, sus esposas, reinas, y sus hijos e hijas, príncipes y princesas.

Las tiendas de muebles vendían tronos y camas imperiales, todas las personas compraban capas de piel de armiño y, en ves de sombrererías, había coronerías, porque cada uno tenía su propio estilo de corona.

Un raro día apareció por allí un joven caballero que se había perdido por aquellas tierras. Estaba hambriento y, al toparse con los primeros palacios, se encontró a un pequeño príncipe jugando en el suelo.

El joven apenas había articulado palabra cuando el niño le interrumpió, ordenando que le llamara Majestad. Cuando el joven prosiguió con su pregunta, el príncipe se interesó por quién era, interrumpiéndole de nuevo. El caballero explicó su situación y, a mitad  de frase, el niño sacó sus propias conclusiones, diciendo que el recién legado era un súbdito. Más contento que unas pascuas con su nuevo súbdito, el pequeño príncipe exigió al joven que le trajera un chicle de fresa.



Cansado ya de esa absurda conversación, el caballero formuló de nuevo su pregunta, e interrumpiéndolo otra vez, el niño gritaba enfadado porque su "súbdito" no le obedecía.
Alarmados por ese griterío, casi todo el pueblo se reunió allí, curioso.

El caballero se quedó asombrado al ver tal número de reyes, reinas, príncipes, princesas...



Nada más se enteraron de que aquel extranjero no era un rey, comenzaron a bombardearlo con órdenes de todo tipo: que si llévame este paquete, que si péinate con la raya al otro lado, que si no se qué, que si no se cuánto... Un caos total para el pobre caballero.
De pronto, empezaron a discutir de quién era el nuevo súbdito. La cosa empeoró, pues parecía que en cualquier momento el joven se iba a romper de los tirones que le daban. La cosa se puso mucho más negra todavía, y en medio de aquel barullo de puñetazos, patadas e insultos, el caballero a duras penas pudo escapar.

De pronto, una de las cientos reinas lo vio y se aferró a su pierna, suplicando que no se fuera. Cuando éste logró soltarse y montar en su caballo, a velocidad supersónica salió pitando de allí. Cuando miró hacia atrás para comprobar que no había sido una pesadilla, observó que una formidable cantidad de reyes, reinas, príncipes y princesas corrían tras él, suplicando que se quedara.

Pero, ya era un poco tarde, el caballero, atemorizado y atónito a su vez, achuchó a su caballo en señal de que no dejara de galopar hasta perder de vista a esa extraña tierra de reyes y reinas.